Todo el mundo sabe que un CV con cifras convence más que uno sin ellas. El problema aparece al sentarse a escribir: si trabajas en atención al público, en un almacén, en una consulta o en administración, la sensación es que no hay nada que medir. Pero la mayoría de las veces los números existen — simplemente nadie te pidió nunca que los miraras.
Cuatro preguntas que casi siempre dan un número
- ¿Cuánto? Volumen de lo que pasaba por tus manos: clientes por día, pedidos por turno, expedientes al mes, alumnos por curso, mesas por servicio.
- ¿Cuántos? Tamaño de lo que coordinabas: personas a cargo, turnos que cubrías, sedes, proveedores, líneas de producto.
- ¿Cuánto tiempo? Velocidad o constancia: reduje el tiempo de espera, cerraba el turno en X, mantuve el mismo puesto durante Y años sin rotación.
- ¿Cuánto dinero? No hace falta ser comercial: caja que cuadrabas, presupuesto que gestionabas, coste que ayudaste a bajar, pérdidas que evitaste.
«Atención al cliente en tienda» no dice nada. «Atendía unos 60 clientes diarios y cerraba una caja de $2 millones» describe exactamente el mismo trabajo, y a quien lee le dice el tamaño de lo que sabes manejar.
No hace falta que sea exacto
Un aproximado honesto vale mucho más que nada. «Unos 60 clientes al día» o «alrededor de 40 expedientes al mes» son perfectamente válidos: nadie te va a pedir el informe. Lo que no puedes hacer es inflarlo — si en la entrevista te preguntan por esa cifra y no la puedes sostener, el efecto se da vuelta en tu contra.
Dónde ponerlos
En los logros de cada experiencia, no en el resumen. El resumen es el titular; los números son la prueba. Y si una experiencia tiene tres logros, que al menos uno tenga cifra: es lo que hace que el resto se lea como creíble.